
En los sistemas de recirculación de aire, el peligro es aquel que no se puede ver. Los patógenos permanecen atrapados en los filtros y luego vuelven a entrar con la corriente de aire, pasando por alto las barreras habituales. Sin un paso de eliminación definitiva de los contaminantes, simplemente se está propagando la contaminación de un lugar a otro.
Utilizamos lámparas germicidas UVC como herramienta principal para la desinfección, ya que ofrecen una dosis definida y repetible justo en el punto donde fluye el aire. No se trata de promesas vagas, sino de una solución técnica real.
Lo importante es la dosis de radiación que llega al aire, no la información indicada en la etiqueta de la lámpara. Nos enfocamos en una emisión monocromática de 254 nm, que coincide con el pico de absorción del ADN/RNA. Esto permite que los fotones sean utilizados de manera eficiente y que la inactivación de los microorganismos sea predecible.
La intensidad de la radiación se adapta según la geometría de la cámara y la velocidad del flujo de aire, de modo que la dosis de radiación entregada —medida en mJ/cm²— sea suficiente para lograr la reducción necesaria en los microorganismos afectados. Las fundas de cuarzo y la geometría del reflector están diseñadas para mantener el campo de radiación concentrado, mantener la temperatura estable y minimizar la generación de ozono.
La ventaja práctica es que este sistema funciona de forma continua, sin necesidad de calor, químicos o tiempos de inactivación. En un purificador de aire, el módulo UVC se encuentra en el punto exacto donde el aire pasa, rompiendo así la cadena de recirculación.
Se logra así un ciclo de desinfección consistente, además de un rendimiento estable durante miles de horas. El costo operativo por metro cúbico de aire tratado es inferior al de los filtros desechables y los aditivos químicos.
La instalación y la compatibilidad también deben ser consideradas como aspectos técnicos importantes, y no como algo secundario. La intensidad de la radiación UVC disminuye con la distancia y con el paso del tiempo; por lo tanto, la posición de la lámpara y los sensores que detectan su estado deben ser diseñados desde el principio.
El módulo debe adaptarse al material de la cámara y al camino del flujo de aire. La interfaz eléctrica también debe ser compatible con la estrategia de control utilizada. Es necesario planificar cómo mantener limpio el reflector, controlar la temperatura de la lámpara y garantizar un acceso seguro para el mantenimiento. Si se hace esto, el sistema funcionará como se especificó, ciclo tras ciclo.